Es uno de los grandes símbolos de Madrid. Hace tiempo otra buena amiga me comentó que en esta ciudad veía más vagabundos, sin techo o como prefiráis calificar a esa gente que no tiene más futuro que llegar al día siguiente y sin más propiedad que lo que llevan puesto, que en otras ciudades. A mi en su momento me molestó el comentario. Llevado por un rancio sentido del nacionalismo me sentí insultado y reaccioné, verbalmente, de forma excesiva. Sin embargo creo que debo darle la razón.
En la sociedad actual, que trata de ocultarnos los matices ocres de la vida, el olor agrio de las dificultades o el dolor de la soledad enfrentarnos a ellos supone una sorpresa. Un disgusto que tratemos de anestesiar con rapidez para que las reflexiones no nos molesten en la rutina diaria.
El caso es que el otro día, acompañado de Belén nos topamos con un individuo que pedía unas monedas. De tantos que puedes cruzarte él era la máxima expresión del patetismo. Vestido de algo que debía ser un superhéroe, la tela fea, mal cortada, absurda no engaña la barriga, la espalda caída una cara de abandono.
Ni ella ni yo dijimos nada, luego nos miramos y solo acertamos a expresar el dolor que producía ver a alguien tan desamparado, el acongojo de saber que detrás de aquel esperpento textil debía existir una persona.
Hoy, tranquilo en mi puesto de trabajo me ha vuelto a recorrer este sentimiento al ver su foto publicada en un gratuito.
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2 comentarios:
Siempre que tengo alguna visita (incluso a las muy queridas) les incluyo un paseíto por la calle desamparo de noche (normalmente de camino al Jose Alfredos, donde tomar algo y pasar el susto)
Esta calle siempre me transporta a la zona portuaria oscura y tenebrosa de alguna ciudad imaginaria (entre gotham city y barcelona o lisboa hace 30 años).
Sólo falta el mar en la remodelada plaza de la luna y un grupo de marineros recién atracados tirando sus gorritos al aire.
Corrección: Me refería a la calle desengaño!!
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